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El vestido de papel

En 1966, una fábrica de servilletas se hizo modista sin querer.

Vestido recto sin mangas estampado con filas de latas de sopa Campbell’s rojas y blancas y dos franjas doradas en el bajo, sobre un maniquí.
Souper Dress. Foto: Peloponnesian Folklore Foundation, CC BY-SA 4.0.

Scott Paper lanzaba una línea de papel de colores. Para llamar la atención, el «Paper Caper»: por 1,25 dólares y una prueba de compra, enviaba por correo un vestido de papel. Estampado bandana rojo u op art en blanco y negro.

En ocho meses, medio millón de vestidos, según la revista Time. Scott cerró la promoción avisando de que seguía siendo una empresa de papel y no pensaba convertirse en modista.

Ni siquiera era solo papel: Dura-Weve, 93 % celulosa y 7 % rayón. Venía tratado contra el fuego, hasta que se lavaba. La etiqueta lo advertía: después del agua, peligrosamente inflamable.

Se convirtió en fiebre. Mars, una fábrica de medias de Asheville, vendía 80.000 vestidos de papel por semana. Un vicepresidente dijo a la revista Life en 1966 que en cinco años el 75 % del país llevaría ropa desechable.

Y el Souper Dress, el de las latas de sopa, no es de Warhol. Lo hizo la propia Campbell’s: un dólar y dos etiquetas de sopa. El Met dice con todas las letras que no es un diseño suyo.

Se acabó en 1968: eran duros, se rompían, desteñían. La ropa de usar y tirar no cuajó. Cuajó sesenta años después, sin ser de papel.

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