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Elsa Schiaparelli
Coco Chanel se negaba a decir su nombre. La llamaba «esa italiana que hace ropa».
Elsa Schiaparelli le devolvía el golpe con una palabra: «esa sombrerera». La rivalidad que dividió la moda de los años 30.
Nacida en Roma en 1890, llegó a París en 1922 sin dinero y sin saber cortar un patrón.
En 1927 tejió un jersey negro con un lazo blanco hecho en el propio punto: un trampantojo, no un lazo cosido. Vogue lo publicó. Una tienda de Nueva York encargó cuarenta. La casa nació de ahí.
En 1931 Lili de Álvarez entró en Wimbledon con una falda pantalón suya y la prensa lo trató como un escándalo. Fue también de las primeras en poner la cremallera a la vista en una prenda de alta costura, cuando la cremallera era cosa de botas.
Metió a Dalí, Cocteau y Man Ray dentro de la ropa: el vestido langosta de 1937 que llevó Wallis Simpson, el sombrero con forma de zapato.
Vio el diamante rosa de 17 quilates de Daisy Fellowes y sacó de ahí un color. Lo llamó Shocking y bautizó el perfume con el mismo nombre, en 1937, en un frasco con forma de torso. El rosa sigue siendo la firma de la casa.
Dos mujeres, dos ideas opuestas de la moda: Chanel defendía la elegancia y la comodidad; Schiaparelli, la ropa como arte y como provocación. Se cuenta que en un baile Chanel la sacó a bailar y la llevó hasta un candelabro encendido; el vestido se prendió y lo apagaron con agua con gas. Quien lo cuenta es Bettina Ballard, editora de Vogue.
Cerró la casa en 1954 y murió en 1973 sin verla reabierta. Hoy Schiaparelli viste la alfombra roja entera.
