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Los vaqueros

Los vaqueros que llevas puestos existen porque un sastre no tenía 68 dólares.

Anuncio ilustrado en color de Levi Strauss & Co., San Francisco: un hombre con sombrero y ropa vaquera azul ara un campo; al fondo, dos caballos tiran de otro arado. Arriba, «Patent Riveted Clothing» y «The Best in Use for Farmers, Mechanics and Miners».
Anuncio de Levi Strauss & Co. Foto: Jim Griffin, CC0.

Diciembre de 1870, Reno. Una mujer le pide a Jacob Davis, sastre, un pantalón que aguante a su marido leñador. Él refuerza los bolsillos con remaches de cobre — los mismos que usaba en lonas y arreos.

Se convierte en furor entre mineros y ferroviarios. Davis quiere patentarlo, pero el registro cuesta 68 dólares que no tiene. Así que escribe a su proveedor de tela, un tal Levi Strauss, y le propone ir a medias.

9 de agosto de 1872: presentan la solicitud. 20 de mayo de 1873: sale la patente US 139.121, «Fastening Pocket-Openings». En aquella época la prenda no se llamaba jeans. Se llamaba waist overalls.

En 1890 la patente caducó. Cualquiera podía remachar un pantalón. Lo que quedó fue lo que hoy llamamos marca: la costura en arco del bolsillo (1873), los dos caballos (1886) y, más tarde, la etiqueta roja (1936).

Las etiquetas no nacieron por vanidad. Nacieron porque la patente se acabó y hacía falta que el pantalón se reconociera de lejos — incluso quien no sabía leer.

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